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Observatorio de Género y Equidad

El Observatorio de Género y Equidad recoge las luchas de las mujeres chilenas por la ampliación de la ciudadanía y la construcción de una sociedad igualitaria, basada en el respeto a los derechos humanos y la diversidad. Esta lucha, cuyos primeros pasos se asientan en el siglo XIX, ha tenido miles de protagonistas, momentos de gran visibilidad y otros de latencia, triunfos y retrocesos. Al iniciar el siglo XXI enfrenta nuevos desafíos. Este Observatorio pretende ser un instrumento eficaz para las luchas de este siglo.

Por qué un Observatorio de Género y Equidad

El observatorio de Equidad y Género surge en el contexto de la llegada a la Presidencia de la República de la primera mujer en la historia de Chile, Michelle Bachelet.
A lo largo de su historia, Chile ha tenido una participación política de las mujeres, y son numerosos los indicadores que muestran la discriminación hacia ellas. A contar de 1990, los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia dieron inicio a un proceso político, social y cultural que ha incluido políticas de igualdad de oportunidades. En el marco de este proceso, unido a la crítica a los partidos políticos y sus prácticas tradicionales, la ciudadanía impuso la candidatura de una mujer para la Presidencia de la República al interior de ese conglomerado. Por primera vez en la historia de Chile y de América del Sur una mujer es elegida Presidenta de la República con una amplia mayoría de respaldo popular. Una mujer de características particulares: no sólo socialista, sino además agnóstica y alejada del estereotipo esperable en un país reconocido como católico y machista.
Michelle Bachelet se comprometió durante su campaña electoral, a instalar un gabinete paritario y a impulsar políticas de equidad de género y social. Esta situación constituye una oportunidad única para profundizar la democracia avanzando en equidad de género y social.
No obstante, una vez en el Gobierno, la Presidenta Bachelet ha debido hacer frente a las características propias de la sociedad chilena: una oposición de derecha que prometió la mayor dureza; una cultura política autoritaria heredera del patriarcado dominante desde que Chile se constituyó como República independiente; una élite política masculina que ha hecho gala de un machismo transversal; una prensa mayoritariamente en manos de sectores empresariales conservadores, en algunos casos, expresión de grupos integristas católicos que sobrepasan a la propia jerarquía; y una tradición cultural que reproduce relaciones de género machistas, en especial a nivel de los sectores populares.
Resulta urgente, entonces, que las instituciones y organizaciones de mujeres, así como las académicas, evalúen el proceso político, debatan sobre la agenda pública y entreguen propuestas, rigurosas y fundadas, que puedan contribuir a los objetivos declarados por la Presidenta en materia de equidad de género y social. La pertinencia y legitimidad de muchas de sus propuestas requieren de la voz de un actor social, en forma independiente o en alianzas. Las lecciones aprendidas servirán a las mujeres de toda América Latina.

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